martes, 1 de septiembre de 2015

La historia de aquél "pejiguera"

Todavía recuerdo como si fuese ayer cada uno de los detalles de esa tormentosa relación acabó de dinamitar los cimientos de mi confianza y mi autoestima. La etiqueto como relación porque al fin y al cabo todos tenemos relaciones con cualquier persona con la que entablemos un mínimo contacto. Siento que los recuerdos mas superficiales se van yendo, desaparecen como desaparecen las heridas superficiales que se deben a un roce, como va cicatrizando la herida hasta convertirse en un recuerdo, y como, tras el paso del tiempo, esa cicatriz se vuelve invisible a nuestros ojos. Pero hay otras heridas que no se borran, y aunque cicatricen permanecen durante muchísimo tiempo hasta que finalmente desaparecen, tarde, pero desaparecen.

Sólo llegamos a quedar una vez, tan sólo una vez, una vez en 4 tortuosos meses, la línea temporal es fácil de trazar, el primer mes fue fantástico, el segundo empezó a decaer, los te quieros cesaron, ya no decía ni buenos días, las últimas semanas del 2 mes dejó de darme las buenas noches, a lo mejor una vez cada 3 o 4 días, el 3 mes comenzó a pasar de mí, a finales del 3 mes comenzaron algunas discusiones, y el 4 mes la relación se sumió en el despecho y la desesperación.

Hasta que corté.

Llegó a mi vida prometiendo cosas que nunca cumplió, llegó a mi vida diciendo que yo era la mejor persona que había conocido; cosas que yo nunca terminé de creerme porque ese repertorio me lo conozco perfectamente, pero aun así... 

Caí.

Fue otro más de los muchísimos abandonos que sufrí, fue así como aprendí un poco más acerca de las relaciones, aprendí también a ponerme una dura coraza que me permitiese protegerme. Ya no creía en nadie, perdí las ilusiones, dormía para que el tiempo se pasase.

Derroché segundos de mi vida que no volveré a recuperar, los derroché por alguien que no valía la pena. 

La historia de mi segundo amor puede resumirse en una gran indirecta de 3 meses que él hizo para evitar decirme: No podemos seguir con esto.

El se lleva el premio al cabrón del siglo, pero yo me llevo la palma al calzonazos del siglo.

Es por ello que en cierto sentido pido disculpas si alguna vez puedo resultar tan miedoso... Tan... No sabría como explicarlo... 

Tan sólo sentía la necesidad de sacar de mi interior esa historia. 

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