Hoy, otra bronca, otro drama familiar.
Por culpa del dinero...
Aquí ya me he acostumbrado a la manera de actuar. Hecho, bronca; hecho, bronca...
Cualquier día. Por cualquier cosa. Con cualquiera.
Los tres aquí no podemos vivir, yo ya me voy, pero ojalá me fuese para no volver, cosa que yo ya les he dicho. Ya sé de quien es el problema. Mío no es. Y si es mío es por su culpa.
Otra vez con la rabia en la sangre, otra vez con esa ira... Esa ira tan familiar, esa ira tan asombrosamente fuerte.
La ira y las lágrimas, ellas son esas entrañables amigas que vienen inmediatamente en estos casos. Esas amistades que están ahí para cualquier cosa. Y es que yo ahora no tengo ganas de nada...
Ganas de tirarlo todo por la borda, de acabar de una vez, de dejar de luchar, de dejar de querer seguir caminando aunque sea por un angosto cañón en medio del desierto...
La sensación de asfixia.
Te falta el oxígeno, no puedes más, los últimos espasmos de tu cuerpo, la mirada, penetrante y desesperada, los ojos a punto de salirse de sus órbitas...
La única diferencia es que esta asfixia dura años.
No quiero seguir así... Quiero pensar que algún día podré, tan sólo poder... Poder muchas cosas...
Volver a ser feliz, al menos durante un largo período, ¡volver a poder romper a reír!...
Volver a vivir...
Mis días aquí siguen siendo iguales, sumidos en interminables broncas, porque los puntos de vista que compartimos no son el mismo, aun así enfocando el mismo problema...
A veces pienso que no vale la pena vivir, que es mejor acabar cuanto antes, pero uno ve cosas. Es como si salieses del fondo del mar, cuando te acercas a la superficie, y puedes ver claramente los haces de luz, sentir como rozan tu piel.
Eso es lo que veo, "tan sólo" estoy en un fondo, asfixiándome, un fondo del que tengo que salir y saldré, porque aunque esté muy lejos de la superficie, veo esos rallos, los siento, y cada día están un poco más cerca.
Vale la pena esperar.
¿La razón de esos rallos?
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