martes, 1 de septiembre de 2015

Injusticia e incomprensión

Hoy se ha vuelto a repetir, hoy, la sensación indescriptible de cuando ya quieres mandarlo todo a la mierda se vuelve a repetir, una vez más. No me ayudan, no me comprenden. Cuando te ocurre un problema lo único que hacen es echarte en cara tus errores, tus malas decisiones, tergiversan tu trayectoria para usarla en tu contra. Pago las culpas de otros.

Tengo ilusión, tengo ganas de que todo me vaya bien, tengo ganas de estudiar en un lugar en el que esté contento, un lugar que no me traiga recuerdos viejos que sólo sirven para seguir sumiéndome en el abismo de la frustración. Y es que lo único que ellos consiguen es que cada vez me frustre más. Su comentarios huecos y carentes de intención son como grandes cañonazos que hieren irremediablemente algo de mí que sabe que nunca se va a recuperar.

Ellos, tienen una vida que es muy diferente a la mía, yo he visto otras cosas, he visto cosas que ellos no han visto. Ellos son de pueblo, yo soy del mundo.

A veces he sentido las ganas fuertes de rajarme las venas y dejar que fluya junto a mi sangre las ilusiones que la sociedad se encargó de asesinar. Sinceramente es una frase muy negra pero hay situaciones que a veces se hacen tan injustas.

Me llamaste paranoico, y luego encima me dices que por qué lloro... ¿Es que no lo entiendes?¿Todavía no me conoces?

Me llamaste paranoico, sí, y yo sentí que yo ya no tenía remedio, hace unas horas me lo dijiste y siento que es uno de esos recuerdos que se quedan grabados, uno de esos recuerdos que se escriben en tu piel y se quedan en carne viva, doliendo como la primera vez que empezaron a doler. Yo sólo quiero mejorar, salir de este agujero, sólo quiero tener opciones, opciones fuera de este grano de polvo en medio del Atlántico, yo estoy hecho de otra madera, no quiero seguir aquí.

Otra vez mi cabeza es un revuelo del que salen disparados pensamientos negros y funestos. Sí, negros y funestos. Cuando me hieren lloro, y hoy, he llorado. Pero cuando me vieron llorando y me preguntaron que por qué lo hacía, dejé de llorar, dejé de creer en otros y entonces me dí cuenta de muchísimas cosas. Cree en ti, nadie lo va a hacer.

Estoy saliendo del pozo, de esa cueva, de ese abismo en el que caes por culpa de los escupitajos de las injurias de los demás. Sí, estoy saliendo.

Creo en mí, creo en el día que pueda reírme a carcajada limpia de estos momentos, del momento en el que te pueda abrazar sin miedo a que mañana tengamos que despedirnos, o sin el miedo de que otro te diga te quiero... Creo en el día en que el que por fin pueda ser dueño de mi destino, de que no tenga que justificar el por qué de mis acciones. Creo en el día en el que haga ver lo que valgo realmente.

Aunque no lo parezca en mí se encuentra un positivismo abrumador. A veces solo queda tener paciencia.

En fin... Poco a poco, ¿No?.

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