domingo, 16 de agosto de 2015

Loco

Otro día más en aquella fiesta. Otro día más rodeado de personas que lo único que hacían era darme cuenta de que debía escapar cuanto antes, aquel no era el lugar para una persona como yo, básicamente porque indirectamente esas personas hacían de mi un extraño en aquél lugar. El pueblo, ese lugar en el que encontraba de pequeño la inspiración para las fantasías de un niño ilusionado, ahora se convertía en un mausoleo de ilusiones muertas, de recuerdos que vuelven en forma de fantasmas de la infancia, aquí parece que el tiempo se ha parado. Tú también te has parado. Volver. Salir de aquí. Escapar y salir corriendo como un caballo desbocado y levantar las alas para comenzar mi vuelo, imparable. Todavía es demasiado pronto, aunque poco a poco hay pequeños momentos que indican que pronto se acabará esta tortura, que pronto seré libre.

20 años de rodaje por este mundo y todavía hay quien me trata como un niño inexperto y consentido. No me considero ninguna mente privilegiada, al contrario, me considero un grano de arena entre millones de piedras de tamaño faraónico, pero algunas veces pienso que en este pueblo ando rodeado de catetos. Sí, de catetos. Mentes cerradas y ancladas en un pasado que perdura en sus cabezas huecas. Mentes que en su inmensa individualidad estigmatizan a todo aquél que no entre en su cuadrada concepción de la realidad. A veces me pregunto cuando pasará todo esto, cuando seré dueño de mi futuro y tendré que dejar de aparentar lo que no soy; cuando al fin podré actuar libremente y tener que dejar de actuar en la sombra, actuar como un prófugo, como si lo que hiciese estuviese penado por la ley. La ley.

¿La ley? 

Podría concluir diciendo que no nos regimos por la ley que todos conocemos, sino que nos regimos por la ley que nos han impuesto los prejuicios. Los prejuicios. 

No debería decirlo pero a veces pienso en el día en el que pueda cogerte de la mano y decirte, escapémonos juntos de esta realidad y construyamos al fin la nuestra. Y corramos y volamos y saltemos sin tener que justificar por qué hacemos el loco de esa manera. El loco... 

Soy simplemente otro loco de esos que todavía creen en la locura como algo bueno.

El pase a mi felicidad...

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